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Una implosión liberadora – squirting

La primera vez que sentí venirme a chorros me ganó la vergüenza, es un sentir que rodea la uretra, es como si la orina se convirtiera en el conductor del placer y las piernas dejaran

La primera vez que sentí venirme a chorros me ganó la vergüenza, es un sentir que rodea la uretra, es como si la orina se convirtiera en el conductor del placer y las piernas dejaran de funcionar, es distinto a un orgasmo… ¿cómo decirlo? Sí, es un orgasmo pero es diferente.

 

Pero…con tanta descripción es difícil entender por qué a una persona le puede dar vergüenza su propio placer,  para mí la respuesta gira en torno a la construcción social del mismo a través de la pornografía, de la suave y delicada línea estética que delimita lo que es bello de lo que no, lo que es visible e invisible, lo que es higiénico de lo sucio.

 

Crecer en una familia que me incentivó a usar perfume para deleitar a otros con un olor que no es mío, que me enseñó a ser protocolaria y referirme a mi vagina con todos los nombres emergentes, excepto el que es, y de manera continua negar mi biología para quienes me rodean -y a la larga negar esa misma biología para mí- repercutió en esa vergüenza a sentir un placer tan grande, pero tan vinculado a la uretra.

 

Venirse a chorros es sentir esa pequeña muerte de la que habla Bretón… ese período post orgásmico en el que te sientes convulsionar no  es solo una metáfora que parece un poco exagerada, es real, pero esta no es una explosión común y corriente, más bien es una implosión que contrae todos los órganos y da la sensación de unirlos en un solo punto: el vientre, ahí donde todo está al borde de desaparecer.

 

Entonces la uretra se contrae, hace cosquillas y sientes unas ganas incontrolables de orinar, pierdes la fuerza en los brazos, en mi caso yo estaba en posición de perrito – ya te imaginarás como quedé- quizás para ser más gráfica podríamos asociarlo a alguna postura de yoga, lo que se denominaría dentro de esta práctica milenaria como el perro boca abajo, pero eso sí y sin duda mi cadera se ajustaba  más y más… y mucho más a la pelvis de ese amante que bordeaba, violentamente toda mi cavidad humedecida.

 

Sí, el squirting es una técnica, pero nada sucede con la perfección de los movimientos del amante  si uno mismo se corta el disfrute. Esas ganas incontrolables de orinar entremezcladas con el placer de un orgasmo supremo venidero, ¿por qué no dejarse llevar?. Simple, la vergüenza a la orina.

 

En ese mismo momento uno se corta y piensa: en el asco, el olor, uno piensa en la orina y todo lo que eso implicaría dentro del acto amatorio,  pero el placer se incrementa y no para de crecer y el vientre borbotea y los gemidos se elevan y explotas… te vienes, te vienes.

 

Y entonces un gran chorro de orina –que por cierto no lo es- inunda la sábana, todo está mojado y yo siento el cuerpo acalambrado, me zumban los oídos, el ritmo cardíaco se acelera y… por si fuera poco tardas algunos segundos en estabilizar la vista…

 

Ahora después de varias conversaciones con amigos y conocidos sé que  esa implosión, que me dejó sintiendo el cuerpo el borde de esa pequeña muerte, se llama squirting y que ese líquido del que me avergonzaba nunca fue orina y que es uno de los deleites del cuerpo humano.

 

Fragmento del “Monólogo de la Vagina”, Eve Ensler

 

Lo siento… no puedo  hablarte sobre el sótano, puedes oír las  tuberías, hay cosas que se atoran de vez en cuando -algunos animales y cosas- se humedece, vienen personas, tapan las goteras, de otra manera la puerta queda cerrada. Te olvidas de ello.  Andy era un rorro, así le decíamos en mis tiempos. Estamos en su auto y en lo único que pienso es en mis rodillas. Tengo las rodillas muy largas y mis rodillas estaban aplastadas contra el tablero. Cuando solo me toma y me besa en ese tomarte desprevenida como lo hacen en las películas románticas…. Bueno… me excité  y había un diluvio ahí, esta lluvia de vida, este torrente de pasión, salían torrentes de mí, a través de mis pantaletas, justo en el asiento del auto de su nuevo y blanco chevy bel air. Bueno no era pipi y no era oloroso. Bueno…Andy dijo que olía como lecha ácida y que estaba ensuciando el asiento. Yo era una olorosa y rara chica, él dijo. Traté de explicarle que su beso me tomó desprevenida y que yo no era normalmente así, traté de limpiar el diluvio con mi vestido… Era un vestido crema y se veía horrible con el diluvio en él. Andy me llevó de regreso a casa. Cuando bajé de su auto les juro que sellé, cerré, tapié la tienda, nunca he abierto el negocio de nuevo.

pauli92herrera5@gmail.com

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